"Cuanto daño te hizo el idiota ese", el comentario resonó en la habitación, las respiraciones se contuvieron y el tiempo pareció parar un segundo, nadie dijo nada y nadie exigió nada, la declaración fue tajante y un poco dolorosa, ella sólo estaba parada ahí en medio de la habitación a medio amoblar, mientras que él miraba por la ventana con el ceño fruncido, volviendo a respirar con cierta normalidad. Las miradas se cruzaron un par de veces, nadie se atrevía a decir una palabra, el temor de arruinar más el momento era latente, ella respiraba con un poco de dificultad tratando de pasar desapercibida, él se estaba relajando de a poco. Ella se acercó con paso lento y cansado a la cama, se sentó con ligereza, pero pronto se vio recostada, tapando su rostro con sus manos, esperando. No estaba llorando, no quería llorar, pero sentía esas palabras taladrar su cerebro, pensaba en eso, en el daño y como se sentía, pensaba en situaciones aleatorias, tratando de descifrar su...
Moliendo papas, poniendo un poco de limón.