Ir al contenido principal

Había una vez una niña

Había una vez una niña, pequeña, inocente muy linda y tranquila, a ella la vida no le sonreía, normalmente difícil todo se le hacía, contratiempos, peleas, pocas sonrisas ella veía; ¡Pero que triste la vida que el destino le tenía!
En su patio de tierra unos juegos tenía, y cada tarde desde la cocina emocionada salía, sacaba sus zapatos, arremangaba su polera, se arrodillaba en el suelo y con la tierra jugaba.
Su padre un día llegó a casa feliz y a su única hija un regalo dio, palitas, instrumentos, cositas de construcción, "Que tu madre no se entere" sólo le susurró, por la puerta salió y nunca más volvió.
La niña no se dio cuenta de la desaparición y feliz al patio con sus cosas salió, con su pala la tierra preparó y con un martillo de su padre unas pocas maderas clavó, una pequeña y débil casa creó, pero eso no importó, ella feliz su creación miró, pero no se dio cuenta que mucho tiempo ocupó, días, noches, semanas pasaron y ella de entrar a casa no se había acordado, con cuidado se levantó y a su casa miró, mucho se asustó al ver todo oscuro y con rapidez a la cocina descalza entró, la luz encendió y a sus padres buscó, "mamá" susurró, "papá" un poco más fuerte habló y de pronto un ruido muy fuerte escuchó, con rapidez volteó y la respiración soltó, corrió el corto recorrido y llegó al origen de aquel ruido, a su madre vio, frente a un lío de maderas tiradas en el suelo "¿que pasó?" lloriqueó y a mi madre miró, "las niñas no hacen esas cosas" dijo fuerte, enojada mientras la miraba "Días y noches aquí,  ¿Qué te crees?, ¿que se supone que eres?" y de la mano con fuerza la tomó, a la casa la arrastró y en su habitación la encerró.
La lluvia llegó, la oscuridad todo lo inundó y el único sonido eran los sollozos contenidos, no habían pasos, no habían luces, no había calor, ¿y la vida?, solo un débil gemido de puro dolor de los labios resecos pertenecientes a un rostro triste, unos ojos sin brillo, mejillas mojadas, nariz congestionada.
Y al final, muy débil esta niña se levantó, a la puerta llegó y ante ella se desplomó.

Nadie sabe que pasó, el padre desapareció, la madre loca por las calles deambuló y la niña en su pieza sumida en dolor se extinguió.

Quien sabe si al final es solo una tonta historia de terror, un bobo recuerdo de amor, un doble filo de dolor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Decepción

Un día me di cuenta que nadie sonreía, y pensé que necesitarían algún tipo de emoción, tomé un papel e hice una pequeña grulla, un símbolo pequeño pero con significado. Mi grulla pasó horas esperando a ser tomada en cuenta hasta que alguien la tomó y la llevó con prisa al basurero; ahí dejé de sonreír y me mimeticé con los demás.

La chancha

Está como cada día refugiada a la sombra que forma la entrada del metro Plaza de Armas y el puesto del pintor, ahí se sienta a mirar cómo la gente pasa, con su mirada triste y cansada; Ella sabe que está pasada de peso, vive en la calle ¿qué más puede hacer? pero a ella no le importan los comentarios, hace oídos sordos y sigue en su pasiva vida. Todos la miran, la conocen, más de alguno se acerca y comprueba su amabilidad, la “chancha” es especial, es la perra más tierna –y floja- que Santiago pueda albergar.

Caminos

Y si nos perdemos en el bosque? y buscamos aquí nuestra felicidad? si si con caminar y caminar encontramos nuestro lugar? "Dame la mano, vamos a ser felices" Claro que si, vamos a caminar por verdes praderas por empinadas subidas por hermosos parajes. "Si estamos juntos, todo está bien" Todo es más verde, el cielo es más azul las flores más coloridas y el mundo más feliz. Así que, dame esa mano, no me sueltes nunca, caminemos y busquemos nuestro hermoso lugar feliz.