Está como cada día refugiada a la sombra que forma la
entrada del metro Plaza de Armas y el puesto del pintor, ahí se sienta a mirar
cómo la gente pasa, con su mirada triste y cansada; Ella sabe que está pasada
de peso, vive en la calle ¿qué más puede hacer? pero a ella no le importan los
comentarios, hace oídos sordos y sigue en su pasiva vida.
Todos la miran, la conocen, más de alguno se acerca y comprueba su amabilidad,
la “chancha” es especial, es la perra más tierna –y floja- que Santiago pueda
albergar.
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