Los días pasaban y Catrina cada día se enclaustraba más en su hogar, no salía más que para buscar la necesaria comida al pequeño supermercado que estaba en la esquina, al cual por lo general acudía en el último momento del día.
Si cualquier hubiese sido participe de su actual estilo de vida, no habría soportado siquiera dos días en aquella horrorosa situación, pero ella al parecer no sentía pasar los días sobre sí, el día se iba en un minutos y la noche quizás en dos. ¿Había perdido la razón?. Una que otra vez se dio un pequeño espacio para pensarlo -¿Estoy loca?- susurraba en un ligero momento de consciencia el cual se perdía en la soledad de la habitación en penumbra.
Aquellos papeles de distintos colores y tamaños que en algún otro momento sirvieron como las bases de sus elaboradas estrategias, eran ahora formaban parte de elaboradas pilas en algunos rincones de la habitación.
-Una advertencia a la gente- susurró de pronto un día en medio de aquella enorme soledad a la que se había adscrito voluntariamente, se levantó del rincón en el que se encontraba encogida como cada día mientras miraba un punto no definido en la pequeña televisión de la habitación, con cuidado puso sus frágiles manos en el piso y ejerciendo un mínimo de fuerza se levantó con esfuerzo, caminó con paso cansino hacia el pequeño y desorganizado escritorio y posó sus dedos delgados con delicadeza por este, buscó con cierto temor a su rededor, esperando encontrar a alguien, pero nadie estaba ahí mirándola, sólo era ella y la enorme casa en la que vivía, sólo ella y su enorme pesar, ella y su deseo de desatar algo, ella y su miedo.
Buscó una hoja blanca y un pequeño lápiz grafito y se sentó con temor en la silla que al sentir su peso hizo un casi inaudible sonido agudo, el cual sobresaltó un poco a la desequilibrada chica -Es el momento de la verdad- y de pronto llegaron a ella mil ideas de modificación a aquellos extraños planes apilados en un rincón.
Un sonrisa casi diminuta apareció en sus agrietados labios y por primera vez en semanas sintió un golpe de energía, rápidamente comenzó a escribir cuanta idea se le ocurría, sin orden, sin pensarlo, sólo escribía todo lo que venía a su cabeza.
Pasados veinte minutos de un incesante escribir, Catrina se levantó de la silla, caminó con un poco más de seguridad hacia la ventana y corrió las cortinas, la luz de la mañana inundó la habitación que hasta ese momento sólo era iluminada por el pequeño televisor que no parada de transmitir, abrió la ventana que hace semanas no era tocada y respiró con profundidad el aire fresco del mundo exterior.
-Voy a luchas hasta la muerte- dijo bajito mientras miraba como el sol se alzaba frente a ella, miró su habitación y con un poco más de ánimo que el de hace unos treinta minutos más se dirigió a ordenar todo a su rededor, mal que mal... una guerra no puede armarse de la noche a la mañana, esta necesita cierto grado de planificación, una que otra baja y cientos de nuevos desafíos... este era ahora su nuevo desafío, rearmarse y volver a la carrera.
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