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Te recuerdo Amanda

Al observar la pequeña caja de madera que tenía frente a sí, se permitió dejar caer una lágrima de dolor ante su ausencia "mi amada Amanda" pensaba con tristeza, observó la habitación pequeña en la que se encontraba, la cama deshecha aún, las ropas en el suelo y las cortinas levemente cerradas.

Armando se sentó en la sucia alfombra con la mirada perdida, acariciando la pequeña camisa rosa con un dejo de melancolía "mi amanda" susurraba de tanto en tanto, dejando las lagrimas libres por sus mejillas, ya sin pudor alguno... "nadie me verá" se dijo a sí mismo mientras trataba de pararse, seguir con su vida, continuar... pero fallando de forma miserable, ahogándose cada vez más en esa asquerosa necesidad de ver sus pertenencias y llorar.

Armando recordaba esa última vez que la había visto, su sonrisa dulce, su cabello rubio enmarañado, sus ojos grandes y expresivos... "Diablos....", las lágrimas no cesaban y él no hacía más que hundirse más en su recuerdo y su tristeza. 

Amanda había salido esa mañana de casa junto a él, ambos rumbo a sus respectivos labores del día, él... hacia el trabajo que tanto lo llenaba, ella al jardín escolar donde pasaría el día hasta que él la fuese a buscar "te amo mi niña"  fue lo último que le dijo antes de salir por la colorida reja del pequeño colegio, se fue sin preocupaciones... volvería en unas horas. 

Armando trabajó como siempre y salió animado de su oficina, compró un par de dulces y emprendió su camino al pequeño y colorido lugar donde Amanda se encontraba... Al llegar, algo era diferente, no escuchó esa risa contagiosa al aparecer en la reja... solo los gritos y llantos de los demás niños, pero de su Amanda, aún no escuchaba nada.

Con calma, pensando que lo diferente no era más que parte de su cansancio e imaginación, tocó el timbre esperando que la agradable parvularia saliera a su encuentro, la cual con una sonrisa se acercó y de forma amable le explicó que Amanda no estaba ahí, Armando comenzando a perder el control, pero sin alzar la voz le preguntó a la mujer que significaba que su pequeña no estuviera ahí, a lo que ella con la misma simpatía y calma respondió que Amalia, quien se habría presentado como la madre había venido esa mañana, habría abrazado fuerte a la niña y se la habría llevado.

Fue un golpe duro para Armando, quien no esperaba eso pasara jamás, mientras su mundo se caía a pedazos, se despidió de la mujer de forma distraída y camino con paso tambaleante todo el camino a casa... "nos encontraron" susurraba mientras caminaba completamente absorto en su tristeza. 

Desde ese momento sus días fueron grises y monótonos, no sabía donde encontrar a su Amanda, no sabía donde encontrar a esa mujer, sus días se transformaron en un sin fin de momentos aislados, donde transitaba de la automatización del trabajo y la tristeza de su hogar. 

Mientras Armando se hundía en ese mar de tristeza y desesperación, en otro lado de la ciudad, Amalia abrazaba a Amanda con fuerza, el cabello rubio de la mujer estaba desarreglado y enmarañado igual que el de su hija "mi amanda, por fin estás junto a mi", el tren en el que iban se alejaba con rapidez de la ciudad en la cual ese hombre desagradable había tenido a su hija por meses, solo había sido un descuido, pero había bastado para que ese infeliz hubiese arrebatado a la pequeña de su tutela, escapando a aquella lejana ciudad... Pero ella no se había rendido, la había buscado, la había rastreado como un perro que busca algo que le han encomendado... y la encontró, justo cuando ya estaba perdiendo las esperanzas, justo cuando ya no veía una luz... la encontró con su sonrisa contagiosa y sus ojos enormes llenos de amor "nunca más te quitaré los ojos de encima mi amor" le dijo mientras acariciaba su cabello y las lágrimas caían libremente por sus blancas mejillas. 

Armando una tarde, simplemente se durmió aferrado a las mantas rosadas de la cama de la niña y no volvió a despertar jamás... Amalia había vuelto a su ciudad en compañía de su pequeña hija, quien poco recordaba de lo ocurrido, desde ahora no la volvería a perder de vista, no iba a permitir que otro Armando se la llevara. 

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