Betsabé caminaba por las calles en la oscuridad, mantenía su bolso cerca de sí, estaba un poco asustada por la falta de luz de ese día, pero además tenía un poco de frio. Era una noche oscura, sin luna y bastante nublada.
Su Uber la había dejado un par de calles antes de su casa, ella no quiso decir nada, solo pagó y bajó, no quería dar mayor problemas a ese amable caballero mayor que estaba viviendo a través de la conducción. Decidió caminar. Su chaqueta negra larga de lanilla y la bufanda de lana, le entregaba un poco de calor, sin embargo su quijada temblaba de forma constante sin poder evitarlo -es miedo o es frío- se preguntó internamente, caminando más rápido los pocos metros que la separaban de la puerta de su casa -es frio- sentenció en su cabeza mientras sacaba las llaves y se posicionaba frente a la puerta de su hogar - debe estar calentito adentro, que rico- pensó feliz, mientras la llave encajaba en su mecanismo interno y comenzaba a abrir la puerta a aquella fuente de calor y luz tan esperada.
-Que frio, que frio, que frio- casi gritó al llegar y cerrar la puerta -que rico que llegaste antes y prendiste la estufa, no sé que haría sin ti- Betsabé comenzó a sacarse el abrigo, la bufanda y quedar solo con su ropa de trabajo, una falda plisada gruesa, pantys de lana negras y un chaleco holgado.
David la miraba en su pequeño ritual, siempre hacía lo mismo, llegaba, dejaba su bolso en el perchero, se sacaba el abrigo, la bufanda, luego los zapatos... en pequeños saltitos llegaba cerca de la estufa, ponía sus pies como si fueran pequeños trozos de mashmellow que debía dorar y los calentaba, luego las manos y unas cuantas vueltas para calentar cada rincón de su frio cuerpo, mientras él... él la miraba como si estuviera dentro de un hechizo, como si cada uno de sus actos fuera nuevo y resplandeciente, él la miraba maravillado, cada acto era como si estuviera hecho en cámara lenta, sus movimientos le daban vida a ese pequeño departamento que contaba con una sola habitación, un living-comedor-cocina y un baño.
-Quieres un café?- preguntó David sin dejar de mirarla, olvidando su trabajo en el computador, hasta donde hace unos momentos estaba realizando una importante investigación para su nuevo trabajo, en el cual buscaba un ascenso.
-sisisisis, por favooooor- dijo Betsabé arrastrando las últimas palabras, buscando dar una entonación sentimental y dolorida -ya, anda a cambiarte de ropa, yo ya vengo con tu café- dijo mientras pasaba a su lado y le daba un beso rápido en su frente.
Ella no esperó mucho, corrió a la habitación, saltó a la cama espantando al pequeño perro que dormía con placidez y sacó su enterito de polar con motivo de pingüino, se puso las calcetas más gruesas y se hizo un moño, como ella llamaba "de mujer que no espera nada más de la vida".
Regresó en un pequeño salto a la estufa luciendo bastante "pachonchita" -que haces?- preguntó con una voz un poco chillona acercándose a la mesa donde David estaba trabajando antes de su llegaba, pero ella lo sabía, sólo quería escuchar su voz, que le dijera que estaba investigando el blah blah blah y el bleh bleh bleh.
-Trabajo en la investigación que me encargaron, estoy un poco atorado en verdad, estaba esperando que llegaras a ver si me podías ayudar- le dijo mientras ponía frente a ella un café, un pedazo de queque y una manta en sus hombros -ñamiii- susurró ella mientras miraba toda esa comida maravillada.
-Obvio que te ayudo, déjame comer esto y lo vemos, te parece? así tienes un descanso- comentó mientras tomaba la taza humeante y sacaba un pedacito del queque de chocolate - La Lupe se asustó cuando salté en la cama, no sé donde se fue- dijo sin poner mucha atención a su derredor -acá está, en mis piernas, eres bastante mala con ella- decía David mientras acariciaba la pequeña cabeza del perrito café bajo la mesa.
-Esto es un mundo maravilloso- dijo Betsabé de pronto, mirando su comida caliente, la estufa y la cálida luz del living, sin embargo, en silencio pensó un poco más, y se dio cuenta que ese pequeño espacio cálido habría sido montado por ese ser humano que tenía al frente, quien ahora miraba a la Lupe, quien con sus ojitos cerrados movía la cola despacio. -Eres un mundo maravilloso, David - dijo ella mirando a su pareja, acercando su mano a su hombro y haciendo un pequeño cariño antes de acercar más su silla al hombre de lentes y cabello negro que ahora miraba sus ojos.
-Tus ojos son mi universo, lo sabes?- dijo ella mientras sus pequeñas manitos tomaban con delicadeza el rostro de David -tus ojos son lo único que me importa al terminar el día- continuó y se acercó para darle un suave y casto beso en sus labios -sabes a café con chocolate- dijo él riendo.
-Hacemos un buen universo juntos, esos ojazos que te gastas tienen un universo entero en ellos - le dijo Betsabé, tratando de sonar romántica y melosa -y tus ojos son un faro de luz- dijo él tratando de seguir la corriente de la conversación -una luz que guía a los viajantes a sus destinos-
-hey! lo arruinaste!- dijo ella riendo -La Luz no es visible en el universo, básicamente no puedes guiar a nadie en el infinito con un faro de luz, a menos que sea una película de spielberg- David entornó los ojos, rió un poco y le besó la nariz -cállate un rato y come para que me ayudes -
Y eso hizo Betsabé, continuó comiendo mientras reía y miraba a su pareja, estaba feliz de estar en su hogar.
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