El dolor es más que una simple ilusión, es un pequeño desencuentro entre tu cuerpo y la oscuridad, es el choque violento entre lo que conoces y eso que no imaginabas siquiera que pudiera existir.
Se muestra como un silencio que te llena las entrañas, que se mete por tu cuerpo y se mueve por tus venas, que te llena, te consume, te vacía y suelta en la nada, en esa oscuridad donde no se comprende que está arriba, que está abajo, donde flotas sin comprender como se puede escapar.
Y se siente que caes, que subes, que tocas el suelo y de pronto estás nuevamente en esa espiral, interminable, sin luz, con sombras y pequeños destellos de color, una brisa brillante que humedece tu rostro, que mueve tus labios y suena una queja silenciosa entre el grito mudo de miles de personas.
Ya no sientes nada aunque lo intentas y cada una de las cosas que dicen no las escuchas, no los ves, no quieres siquiera comer, porque la existencia duele como si fuera una daga que se entierra en tu corazón.
Y aunque creíste que eso era todo, que ya no podía doler más, siempre es posible que sea peor. Intenta sacar la daga, verás como te desangras lentamente.
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