Cuando tenía como 6 años siempre me decían que era bonita, porque por alguna razón era delgadita, mi pelo era oscuro, mi rostro bien blanco y mis ojos muy café.
A los 12 o 13 años, cuando ya estaba más grande y desarrollándome me empezaron a sugerir "amablemente" que debía hacer más ejercicio porque estaba más gordita, eso se acompañaba de un "cuando eras chiquitita eras súper finita" y luego, un silencio.
Con 15 años, mi mamá directamente me decía que debía adelgazar, que así no me veía bien, porque las mujeres deberían ser altas y delgadas... y como no era alta, debía ser delgada. Entonces dejé de comer y por semanas lo único que ingería era agua o té. Adelgacé. Mi mamá estaba orgullosa.
Cuando cumplí 17 volví a cambiar mi aspecto, subí de peso, estaba cansada de estar constantemente preocupada de si comía algo que me hacía o no engordar. Comenzó la época donde las posibilidades de tener pololo. Conocí gente. La gente se interesó en mi y yo no lo entendí. Me sentí observada, olvidé la molestia de las preocupaciones, volví a todo eso. Dejé de comer de nuevo. Vomité.
Desde los 18 a los 22, alguien a quien por primera vez quise mucho me comenzó a decir de forma paulatina que debía ser diferente. Seguí con mis preocupaciones, me odiaba y él me decía que debía adelgazar. No me di cuenta. Me dijo que no le gustaban las gordas. Lloré. Me di cuenta.
Los 23, después de darme cuenta y sacar de mi vida a ese ser humano, me empecé a querer un poquito más, dejé de preocuparme tanto, sufría, volvía a intentarlo. Comía de todo. No vomité nunca más.
26, estoy con un ser humano que me ama con mis rollitos, reales e imaginarios. Salimos a comer, gastamos más dinero comiendo que en otras cosas. Sonreímos más. Nos amamos más. Me amo más, lo amo más.
Me regaló este cuadro. Creo que voy por buen camino.

Biiien
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